Los 5 discos esenciales de Bowie

Uno de los artistas más influyentes del siglo XX fue, sin duda, David Robert Jones. Su capacidad interpretativa, de reinvención así como la profundidad intelectual de su obra, lo catapultaron a lo más alto de la cima, ocupando un lugar privilegiado junto a figuras como Sinatra, Lennon o Elvis Presley, con quien incluso compartió fecha de nacimiento.

Más allá de su faceta de actor y productor, Bowie dejó un legado en la cultura pop a través de la música. 27 discos de estudios –2 de ellos con su banda Tim Machine—componen uno de los catálogos más fascinantes del rock. Por eso, en su aniversario luctuoso, lo recordamos con sus 5 obras imprescindibles.

Hunky Dory (1971)

¡Su primera obra maestra! Un disco fresco y juguetón donde mezcla la elegancia del pop con su vena más folk. Lou Reed, Andy Warhol y Bob Dylan estaban influenciando su sonido en ese momento. “Changes”, “Kooks” (dedicada a su hijo Duncan) o “The Bewlay Brother” son algunos de los títulos más representativos, pero es “Life on Mars” la canción que más destaca por su emotividad sonora y letra críptica, un verdadero deleite musical.

The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972)

Un año después, Bowie nos entregó su placa más reconocida y que lo llevó al estrellato. Un disco conceptual donde se inventó un personaje trasgresor que chocaba con lo absurdo: Ziggy Stardust, un alienígena bisexual, prometía ser una de rock que salvaría a la humanidad, sin embargo, sus propios excesos lo condenarían a la perdición y al fracaso. Antes del suicidio, el artista les hace saber a sus seguidores que nunca más estarán solos. “Five years”, “Moonage Dream”, “Starman”, “Lady Stardust y “Rock’n’Roll Suicide” son ya temas legendarios.

Station to Station (1976)

Su peor momento personal viene acompañado de uno de sus grandes placas. En esa época, Bowie consumía grandes dosis de cocaína y se alimentaba con leche y pimientos. Por si fuera poco, estaba inmerso en temas esotéricos y fascistas. Así nace The Thin White Duk, su nuevo álter ego. Sólo 6 canciones integran el álbum. Musicalmente, marca una transición mezclando el funk y soul con sintetizadores y krautrock. Sus interpretaciones más desgarradoras pidiendo ayuda a algún ser divino o a la persona amada están aquí: “Word on a Wing” y el cover “Wild is the Wind”.

Low (1977)

El primero de su aclamada Trilogía de Berlín. Un disco en el que el artista dio un brinco al vacío. 7 canciones cortas y experimentales y otras 4 instrumentales, largas y barrocas lo componen. En su momento nadie comprendió la decisión; sin embargo, el tiempo lo ha colocado en el lugar que merece. Una obra interesante y poco convencional. La instrumentación y las atmósferas están cuidadas hasta el más mínimo detalle. Frío y lleno de matices, así podríamos describirlo. Pese a que hay canciones que destacan más, sugiero escucharlo de principio a fin para comprender lo que Bowie quería transmitirnos.

Black Star (2016)

Parece mentira que ya son 3 años de la edición de este material. Un disco que Bowie dejó como su epitafio, pues murió a los 2 días de su publicación sin que nadie lo supiera. Nos adentramos en terrenos avant-jazz y oscuras cadencias ambientales. En este disco no hay hits, no hay condescendencia con el público y la mayoría de las piezas son largas y experimentales. A lo largo del disco, Bowie canta en primera persona reflexionando sobre la muerte, vaticinando su final.

 

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