“Dios. O no ser.” -Huir de Dios es huir del mundo. Reseña

¿Qué te parecería si te dijera que Dios es un maldito que solo busca desafanarse de la sumisión de los humanos que a todo le ponen un significado milagroso y necesitan ver características de ‘heroicidad’ en algo o alguien?

Nos encontramos con esta gran obra de teatro que te lleva a cuestionamientos muy reales acerca de Dios. ¿Por qué Dios es inmortal? ¿Realmente es como la religión lo pinta? ¿Qué pasaría si no fuera así? Quizá la idea de Dios que tenemos los humanos sea errónea, ¿Qué te parecería si te dijera que Dios es un maldito que solo busca desafanarse de la sumisión de los humanos que a todo le ponen un significado milagroso y necesitan ver características de ‘heroicidad’ en algo o alguien?

Bueno, algo así nos encontramos con este proyecto teatral que, no está de más decirlo, resulta muy extravagante, llamativo, ecléctico y con actuaciones tremendas. Esta obra cuestiona, con gran talento, las ideas en torno a Dios que como humanos tenemos, hace un uso del guión espectacular y te suelta diferentes preguntas que te pegan hasta en lo más profundo de tu fanatismo religioso, algo así como preguntarnos si ¿Realmente necesitamos a Dios?

Fotografía: Mario Velázquez

Basándose en el relato de Jonás, la historia trata sobre una mujer (Diana Sedano) que sin pedir pruebas de la existencia de Dios (Mario Eduardo de León), éste se le presenta -en un acto malévolo y grotesco-, obligándola entonces a comunicar a los demás lo sucedido, a lo cual ella se niega y se convierte entonces en una ‘prófuga de Dios’. Desde ese momento emprende la huída del gran señor, sin embargo, se da cuenta que él puede estar en todas partes. ¿Se imaginan la angustia de no poder huir de algo a lo que estás destinado? Y sobre todo ¡tener que dejar a un amor por ello!

Dios entonces la destina a ser Dios, y la convierte en su profeta, le encomienda la misión de sembrar la semilla del fin para él poder darse un descanso, ya que solo cuando las personas dejen de creer en él podrá dejar de existir. Un destino que no podrá rechazar pues se trata de ser ‘Dios, o no ser’.

Fotografía: Mario Velázquez

Esta no es una obra sencilla de entender de buenas a primeras, exige la completa atención del espectador y ciertamente llega a confundir en algunos cambios de escena y escenas ‘ocurrentes’, pero que aportan gran dinamismo al ejercicio teatral, a ratos con tintes de comercial, de comedia, pero sobre todo de drama y tragedia; te vuelve a atrapar y te mantiene.

Lo que es un hecho, como nos muestra este relato, es que tenemos esta imperiosa necesidad de ser salvados por alguien en algún momento de nuestras vidas. Nosotros somos los que decidimos, y me parece eso es algo que trata de explicar la obra, que aquel Dios sea inmortal, nosotros fuimos quienes lo creamos y tenemos esta imperiosa necesidad de que así sea, necesitamos creer en algo más poderoso que nosotros y necesitamos pruebas de que cosas fuera de este mundo pueden suceder para seguir creyendo. Lo curioso aquí es que es ‘Dios’ quien crea esos problemas para después darnos él mismo la solución. ¿No les parece una paradoja?

Fotografía: Mario Velázquez

La obra fue escrita por David Gaitán, que también actúa en ella, y es dirigida por Martín Acosta. En el elenco además de Diana Sedano, Mario Eduardo de León y David Gaitán, también se encuentra Mariana Gajá.

La obra estará presentándose los fines de semana hasta el 24 de febrero de este año en el Teatro Benito Juárez de la Ciudad de México. Sinceramente les recomendamos con toda emoción ir a verla porque será seguramente algo nuevo para ustedes, que no les provocará indiferencia.

“De repente, fuertes vientos comienzan a agitar el mar y a levantar olas tan gigantescas que hasta las embarcaciones modernas parecerían de juguete. En poco tiempo, la nave no es más que un frágil cascarón de madera perdido en la inmensidad del océano, zarandeado de acá para allá por las enfurecidas olas. ¿Sabría Jonás que era “Jehová mismo” quien estaba provocando “un gran viento en el mar”? Lo que sí tenía claro es que las invocaciones de los marineros a sus dioses no servirían de nada (Lev. 19:4). Como él mismo indicó, la nave estaba “a punto de ser destrozada” (Jon. 1:4). El único que podía salvarlos era Jehová. Pero ¿cómo iba a pedirle ayuda cuando estaba huyendo de él?”

Fotografía: Mario Velázquez


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