El amor de las luciérnagas (gran final)

Foto de Cio Noticias TV

No sé con cuál obra me hice aficionado de Alejandro Ricaño, dramaturgo y director, me pasó con alguna serie de libros pero para el teatro sólo con él. No sé bien si vi primero –Fractales– o fue –Más pequeños que el Guggenheim o tal vez –El amor de las luciérnagas– obra que llega a su fin, al menos con el reparto original y la dirección del mismo Ricaño en el teatro Julio Prieto.

En -El amor de las luciérnagas- María, busca reescribir su historia con un viaje a Noruega, casi por casualidad encuentra una vieja máquina con la que se dedica a poner en texto una ilusión donde encarga a otra María, una doble idéntica, que sea ella quien viva la vida que le tiene desencantada. Para sorpresa de la protagonista se cruza con su doble en el camino de un funicular, el impacto de verse replicada le produce un desmayo del que se recupera para apresurar su regreso a México y darse cuenta que su doble le lleva pasos adelantados. Hay quien ha escrito que corresponde al realismo mágico, a mi me parece que corresponde más a la necesidad que tenemos con el tiempo de reconciliarnos con nuestra propia historia.

No se pierdan -El amor de las luciérnagas- en su cierre de temporada. Porque como afirma Alejandro Ricaño “las obras tienen un tiempo de vida”.

De cero a infinitas posibilidades

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