La Casa de Jack, la historia de un loco que aprecia la vida de otro modo.

Muchos nos preguntamos por qué los asesinos hacen lo que hacen, ¿qué sienten? ¿En qué piensan? ¿Por qué asesinan? La Casa de Jack nos presenta la historia de un psicópata que se ve en la necesidad de matar para no sentir dolor. ¿Dolor? Se preguntarán, ¿por qué alguien sentiría un dolor tan grande el cual se alivia asesinando? Bueno, esa es la historia que nos contará el polémico director Lars Von Trier.

La película es una muestra de una mente retorcida donde lo feliz y lo agradable no tienen cabida, contiene escenas de horror que podrían hacer a muchas personas susceptibles salirse de las salas de cine (como ya ha pasado) sin embargo, no llega tampoco a ser sólo una película con escenas clasificación C, lleno de morbo, sino que va más allá.

El terreno de lo psicológico en La Casa de Jack juega un papel fundamental, pues no son las escenas impactantes de violencia las que nos dan la pista de la mente del protagonista, sino la suma de acciones junto con el diálogo llevado entre él y una especie de conciencia llamada Verge: la razón contra la pasión.

Así, la trama se desarrolla gracias a un diálogo entre Verge (Bruno Ganz) y Jack (Matt Dillon). Al principio incluso podríamos pensar que el interlocutor es una especie de psicólogo que trata de entender y hacernos entender por qué Jack cometió los cinco asesinatos que nos explica de principio a fin, elegidos al azar, según él, pero que tal selección resulta interesante pues la mayoría de víctimas fueron mujeres.

“¿Te sientes superior a ellas, Jack?” “¿Creíste que eran estúpidas y por eso las asesinaste?” Lo cuestiona Verge (palabras más, palabras menos) “Eran más fáciles de matar” “Las mujeres cooperaban más, sin embargo, no todos mis crímenes fueron de mujeres”. Resulta interesante el diálogo que tuvo Jack con la chica que, dice, realmente quiso, y que le da un golpe duro al feminismo (aunque contradictorio pues resulta lastimándola). Lo que me lleva a la siguiente reflexión.

La película es predecible en el tema de los asesinatos, típica trama donde ya sabemos que la actriz en cuestión resulta asesinada, lo interesante no es que mate a la gente, ni siquiera cómo los mata, sino el por qué. Y es que, una de las partes más interesantes es cuando trata de explicar, a lo largo de las escenas, por qué siente dolor y cómo éste desaparece cuando se deshace de alguien.

 

 

El personaje vive con una especie de adicción que desaparece el dolor cuando el adicto recurre a la droga, cuando entierra un cuchillo, o dispara contra un niño, o incluso mata a la mujer que dijo querer de verdad. “¿Quieres gritar? ¡Grita! De todas maneras nadie te va a ayudar” Y es aquí donde se nos presenta una reflexión de Lars acerca del mundo indiferente en el que vivimos, donde, por más que necesitemos ayuda en los momentos más difíciles (cuando el mismo Mr. Sofisticated se encuentra en nuestro cuarto y a punto de desaparecer su dolor) en realidad a nadie le interesa ayudarnos. Una visión muy pesimista acerca de la vida pero que hasta cierto punto resulta cierta.

El mismo Jack recurre a los recuerdos de su infancia para explicar a Verge cuál fue el momento de ruptura entre los demás y él, y también explica por qué piensa que en la sociedad humana hay “tigres” y hay “corderos”: Quienes representan lo peor de los instintos humanos y quienes son necesarios para que la sociedad siga adelante. Esto aunado a sus deseos de ser artista (algo peculiar) y sus deseos de construir una casa adecuada a lo que quiere, lo llevarán al delirio infinito de lograr una obra maestra con lo que tiene.

La película da de qué hablar de principio a fin, como casi todas las películas que realiza este famoso director danés. A veces sólo en la ficción podemos sacar a flote los deseos humanos más perversos y tenebrosos que todos llegamos a tener. Jack es la representación de la maldad, la violencia, la confusión, el dolor, la ruptura interna, pero también, y es la lección que nos da Lars Von Trier, lo es de la necesidad del arte en nuestras vidas y trascender de algún modo en este mundo tan normal. La escena final, que recuerda a La Divina Comedia, de Dante Alighieri, verdaderamente nos pone a pensar sobre el camino que quiso seguir Jack después de su maldad.

La Casa de Jack más que ser el retrato de un psicópata, te invita a pensar todo el tiempo sobre el papel de la humanidad y de todo lo “aceptado y normal” en una sociedad. Una obra para verla varias veces y encontrar algo nuevo, repensar lo visto, y sobre todo, ir un paso más allá en nuestra mente y los caminos que podemos tomar.

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