Los zombies como metáfora perfecta

Eres un joven viviendo en un amplio departamento en París, cuentas con suficiente silencio en el ambiente para concentrarte en la música que creas y la de tus intérpretes favoritos.

Tienes suficiente despensa como para no salir a la calle por días, agua caliente y la renta ya no es un problema. Suena magnífico ¿no? Excepto por el pequeño detalle que parece ser que eres el único sobreviviente en medio del Apocalipsis zombie.

Esa es la vida de Sam, después de terminar con su novia parecería ser que no le podía ir peor. En medio del desastre aparece Sarah, otra humana no infectada que vendrá a perturbar su inmovilidad y obligará a dar -el salto-.

Sin despliegue de efectos especiales, con un poco de maquillaje para zombies y actuaciones honestas -la noche devoró la tierra- o “la noche devoró al mundo” más que hacerme pegar un brinco de susto me hizo pensar ¿acaso no estamos todos en nuestro Apocalipsis zombie interior?

Pero si los zombies no te mueven, entonces mira esto:

Un reencuentro Inolvidable, Christopher Robin (2018)

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