Videodromo, el oasis cinematográfico de la Condesa

La cinematografía ha generado una cantidad de seguidores altamente demandantes, que suelen buscar maneras alternas de consumir cine. Hoy en día, no nos sorprende que a pesar de tener una cantidad importante de ofertas de distintos servicios de streaming, portales legales e ilegales dentro y fuera de las redes sociales y más, no logren satisfacer a los consumidores.

En 2000, México vivió con el gobierno de Vicente Fox Quezada una de las peores crisis cinematográficas que crecía conjuntamente con la distribución ilegal de películas piratas. Los más afectados fueron las distribuidoras, casas productoras y en su momento actores, directores, fotógrafos y producciones completas.

Resultaría el peor momento para desarrollar un proyecto donde su principal objetivo era distribuir cine de manera fácil y económica. Pero para un grupo de jóvenes entusiastas de nuevas ideas, lo vieron como el mejor momento. Videodromo paso de ser un pequeño lugar con un sola piso ha convertirse en un edificio de 3 pisos llenos de más de 15 mil títulos; todos distribuidos por géneros, directores y de ser posible hasta productoras. La tarea fue titanica; ver el desarrollo del proyecto en tan corto tiempo fue un logro que millones de suscriptores vivieron en sus distintas etapas.

En aquellos años yo terminaba la universidad y necesitaba trabajo, un buen amigo me habló de ese lugar y me insistió en ir para trabajar juntos. Fue ahí, cuando conocí a Ángel (gerente) y de inmediato después de un examen logre entrar como vendedor de mostrador. Me quede sorprendido de la cantidad de películas que tenían; obviamente muchas de ellas, no las conocía. El lugar contaba con una perfección envidiable; usaban un muro para proyectar cine mientras seleccionabas tus rentas, una verdadera belleza. Una de las mentes que estuvo detrás de este maravilloso proyecto fue Maurio Katz; ahora guionista y productor de varias películas y proyectos en Netflix. El mismo Mauricio que estaba detrás de Tarantula Films o del FICO (Festival Internacional de Cine Contemporáneo). Lo recuerdo como una persona amable que contaba con pasión las cosas, y movía las manos de una manera peculiar como si estuviera dirigiendo una escena. Todos llegaban preguntando por él; de encontrarlo, eran horas de hablar de cine y cosas que traería a la venta o renta.

Mi tarea en un inicio fue atender a todos en el mostrador, asegurarme de acomodar en bodega las devoluciones y ver cine todo el tiempo. En sus pasillos me toco ver, atender y hablar con distintas personalidades del cine, radio y tv; desde Forest Whitaker, Michel Gondry, Carlos Carrera, Rulo (Convoy), Gael García, Jose Maria Torre, Carlos Reygadas y Guillermo Arriaga.

Era un lugar mágico donde solo se hablaba de cine; de pronto, nos olvidábamos de los problemas del exterior, del trabajo, del trafico, de la vida misma. No puedo olvidar los pasillos de ese lugar, la exquisita selección de directores, cine mundial y un especial de cine mudo desde los hermanos Lumière; los reyes del cine fantástico, el también francés Georges Meliès, y el maestro estadounidense D.W. Griffith por mencionar algunos. Incluso logramos armar un lugar especializado de libros de cine y revistas. Recuerdo haber conocido en alguna ocasión a Fernando Fonseca; director de Indie Rocks, que se acerco con nosotros para vender y/o regalar publicaciones. También JiJu manager en aquellos años de la extinta banda Austin Tv se acerco conmigo para vender dentro del videoclub discos, boletos y stickers.

Fue el primer videoclub que realmente se caracterizo de homologar el arte de todos los independientes, fue también el alivio de quienes buscaban en el cine la respuesta. Todos los que entraron amaban el cine, recuerdo que teníamos listas de peticiones de clientes que buscaban tomas especificas para trabajos, por ejemplo; pedían tomas donde salen perros o películas para fumar mota (jaja). Hubo muchos momentos graciosos, principalmente de aquellos que llevaban largos minutos para entregarnos cajas vacías o películas del Blockbuster, los viernes y sábados estábamos llenos, eran reuniones de amigos, familias. Para todos Videodromo fue un verdadero oasis que recuerdo con mucho amor. Por ahí del 2012 y debido al auge del internet y las descargas ilegales Videodromo cerro sus puertas, murió el lugar pero no la esencia que todos dejamos en uno de los mejores videoclubes de la ciudad.

Hoy, ese espacio lo ocupa un lugar de comida oriental llamado SUUWAY que por cierto, no he probado.

Esta nota la dedico con mucho cariño a todas las personas que conocí y sigo conociendo de aquel emblemático lugar. El cine y la vida es magia, jamas dejen de disfrutarla.

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